Jugando con el agua.

Estos días de descanso todos esperábamos sol y altas temperaturas, pero nos han sorprendido unos días extraños, lluviosos, incluso tormentosos y frescos. Esa inesperada y excesiva agua me ha recordado como los socialistas siempre han jugado con la necesidad de Albacete a dejar de abastecerse de agua subterránea, cada vez más escasa y de peor calidad, con un alto porcentaje de sulfatos y nitratos, más de los razonablemente permitidos, sin olvidar la merma que suponía para el acuífero.
La única solución era el agua superficial que llegaba a través del Júcar. Ni los anteriores, ni Felipe González lo consintieron. Tuvo que ser un gobierno del PP quien reconociera nuestro derecho a utilizar ése agua. Esto es uno de los hitos más importantes que se han dado en nuestra historia reciente. Y como de ser bien nacidos es ser agradecidos, es al gobierno de Aznar a quien hay que reconocérselo.
Pero llegado el momento de abrir el grifo, los socialistas tenían que engorrinar ese logro, aún a costa de los albaceteños. La excusa fue poner en duda la calidad del agua que nos llegaba y exigir la construcción de una urgente e imprescindible planta de ósmosis inversa. Aún recuerdo al entonces Alcalde, Pérez Castell, amenazar con dimitir antes que abrir el grifo al agua del Júcar sin tratarla previamente en la citada planta. Por supuesto que abrió el grifo y no dimitió por ello.
Pero sí se acordó estudiar la necesidad de dicha planta, y en su caso, construir una planta de nanofiltración que incrementará el precio del agua tratada en unos 20 céntimos, producirá unos 2.000 m3 de residuos recuperables, y su impacto medio ambiental será menor, en vez de la reclamada de ósmosis inversa, que salvo excepciones, está destinada principalmente a desalar agua del mar, aumenta el precio del m3 de agua tratada en más de 6 euros, y produce más de 7.000 m3 de aguas residuales muy perjudiciales para el medio ambiente. Además la construcción de la primera cuesta la mitad que la segunda. Ya que no era necesaria, por lo menos que fuera la más barata y menos perjudicial para el medio ambiente.
Quién no recuerda la patética puesta en escena de Pérez Castell con las cajas de un proyecto de ósmosis inversa que nadie vio, para después llevarse de excursión a sus palmeros a una planta de tratamiento de agua en La Solana, por supuesto a gastos pagados y con cargo a nuestros bolsillos. Y para colmo, cómo fue capaz de renunciar a parte del agua del Júcar, sustituyéndola por la reapertura de algunos pozos, y pretender engañarnos diciendo que así mejoraba la calidad del agua suministrada. Todo el mundo sabe que bajó la calidad del agua, pero no su precio.En definitiva, los socialistas solo han jugado con el agua, engañándonos con la necesidad de una planta de ósmosis que, siete años después, aún está por llegar.

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