El hervidero de la calle.

Es curioso que los culpables de que nos encontremos en la situación en que estamos echen la culpa de ello a los que intentan solucionarla. Después de habernos arruinado, ahora que alguien con decisión y coraje toma las medidas necesarias para salir del hoyo en que ellos nos metieron, pretenden hacernos creer que dichas decisiones no solo son innecesarias, sino que además son caprichosas.
Rajoy ha tomado el toro por los cuernos y en solo dos meses ha hecho mucho más que los socialistas en ocho años, recuperando la confianza de Europa en España. La prueba es que el Tesoro ha colocado letras con un interés medio menor del 2%, cuando en noviembre nos costaban el 5%. Eso nos supone un ahorro de miles de millones de euros en intereses.
Pero no puedo pasar por alto la medida aprobada más polémica, la reforma laboral. Partiendo de que gracias a la ineficacia e incompetencia del gobierno zapateril España es líder europea en tasa de desempleo, que nuestras cifras son un escándalo y una vergüenza para el resto de países de nuestro entorno, y del drama que supone para los más de cinco millones de parados contabilizados, solo por eso, sindicatos y patronal deberían haber unificado posturas y acordado las medidas a tomar, pero era mucho pedir. Marearon la perdiz hasta que Rajoy, cumpliendo su palabra, ha aprobado una reforma laboral que a los empresarios les parece corta, y a los sindicatos demasiado larga, lo cual ya es buena señal.
La reforma se tramitará como Proyecto de Ley, garantizando la búsqueda del consenso en su trámite parlamentario, y el documento inicial propone flexibilizar el mercado laboral y abaratar la contratación para incentivar la creación de puestos de trabajo, priorizando el apoyo a Pymes y autónomos, lo cual no solucionará el paro a corto plazo, pero sienta las bases para que a medio se invierta la tendencia.
Pero todo esto a la izquierda sindicalera le da igual, ellos solo buscan no perder protagonismo, ni subvenciones, y la citada reforma aprobada les reduce lo uno y lo otro. Por lo tanto, convertirán la calle en un hervidero.

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